Novela
[ Volver ]Las cartas de Nicia (Segunda entrega de la segunda parte, capítulos 13 al 20)
24/08/2026 - Jordi Rueda Mateu / Las cartas de Nicia
En el guateque del domingo, ''si vienes, probarás el kir de Louise''.Las cartas de Nicia
la de los cabellos castaños
Jordi Rueda Mateu
Del capítulo XIII al XX
(Véanse los capítulos anteriores, del 1 al 12)
XIII
El guateque
Querido Carlos:
Estoy rendida. Me duelen los pies. Hoy hemos tenido guateque en casa de Edu aprovechando que sus padres habían ido a Pals y no volvían hasta la noche. A las seis personas que salimos juntas de vez en cuando, se nos han unido dos chicas más y un chico. La velada ha sido divertida, al menos para mí, que me la he pasado bailando todos los temas rápidos y un par de lentos; uno, con uno de los chicos, que ha venido desparejado, y el otro con mi futuro.
He conocido una bebida nueva, gracias una de las chicas, Louise, que me cae muy bien. Esa chica es de un pueblo del Pirineo francés situado más o menos a los pies del Aneto. Aunque su padre es maño, ella es francesa, como su madre. Su padre fue un exilado republicano que se instaló, tras algunos avatares, en ese pueblo, donde se casó, al cabo del tiempo, con la mamá de Louise. Ess chica ha preparado una bebida que se llama kir y que toman en sus fiestas como aperitivo, lo mismo que nosotros el vermut. Aprovechan el vino blanco que no es muy bueno y lo mezclan con un poco de licor de cassis. Frío está rico y tiene un color muy bonito. He tratado de practicar mi parvo francés hablado con ella, pero he desistido porque tiene un acento muy rural. Resulta que en su pueblo hablan más patués que francés y, además, lleva mucho tiempo en Barcelona. Al final hemos hablado en catalán, en castellano y en francés, todo revuelto. Nos entendemos. Con el tiempo crearemos nuestro propio patois. Me cae bien. Su novio, con el que casi no he hablado, no parece mal chico, algo inseguro y, por eso, un poco estirado. Muy bailarín también.
Te pedí el jueves que vinieras al guateque. No me hiciste el más mínimo caso. No te lo decía para hacerte pasar un mal rato, sino por compartir unas horas en un ambiente divertido. Yo no tonteo con Edu cuando hay gente delante y él tampoco (por si crees que eso te haría sentir incómodo). Han venido dos chicas solas. ¿Quién sabe, quizá has dejado de conocer a la mujer de tu vida? El próximo día vendrá Ilu. La llamé y me dijo que este domingo lo tenía comprometido con sor Amelia.
Si te decides, estaremos juntos, viéndonos, charlando de tonterías. Y probarás el kir, que seguramente será una novedad para ti.
Como ya todos hemos pasado de la edad de los guateques (yo bailaba el twist y la yenka en los primeros a los que fui, en la casa de los hermanos Mayolas, del grupo Los Pájaros Locos, en Roger de Flor con Gran Vía, a nueve calles de la mía), nos comportamos de manera muy adulta. Si vienes y te aburres, puedes poner una excusa y marcharte antes del final. Las bebidas las pagamos a escote, pero no gastamos mucho.
Piénsalo. Mientras tanto prepárate para el paseo que daremos el miércoles. Hay que decidir por dónde para disfrutarlo. Los días aún son muy luminosos y no quisiera encerrarme en el altillo de un bar. Me gusta mirarte a los ojos con luz natural.
Es la hora de dormir y terminado mi parte oficial del día (con sugerencias que no debes dejar caer en saco roto), me dispongo a ponerme mi salto de cama de satén azul celeste y encaje. ¿A que me estás imaginando?
Buenas noches, besos.
Nicia, la que necesita un masaje en los pies después de haber bailado tanto.
XIV
Una pintora en casa de un aspirante a grafista
Querido Carlos:
He llegado a casa hace un rato, azorada aún. He guardado la carpeta con los dibujos, me he cambiado y me he refugiado en mi habitación con la puerta cerrada para que mi hermana no me preguntara nada. Se hado cuenta de que algo me había pasado y, como me conoce, seguramente imaginará que ha sido algo bueno. Cuando he llegado he estado tentada de llamarte por teléfono, pero si yo no iba a poder hablar claro, seguro que tú menos. ¿Qué te han preguntado tus padres? ¿Se han creído que yo te iba a dar unas clases de dibujo? Te habrán preguntado si tu amiga es de verdad pintora. ¿No les ha sorprendido enterarse de que la imprenta donde trabajas haga falta otro grafista y que tú quieras optar a ese puesto para completar tu jornada? Qué embustero eres… Bueno, no tanto, en realidad ya haces trabajos de ese tipo. Al menos eso le decías a mi padre cuando le enseñabas los originales de los folletos que te encargaba… aunque con lo reservado que eres no me extrañaría que no les hayas dicho nada a tus progenitores, los que por ahora te dan casa y comida.
En fin, Carlitos, a tu padre creo que le he gustado. Su mirada no era de reprobación, todo lo contrario, pero creo que tu madre… No sé.
Aunque estén acabando de rehabilitar la torre de la calle Siglo XX, el piso de Enamorados, el que te quieren ceder cuando seas mayor de edad, sigue siendo su casa. Y las madres son muy territoriales con las chicas que se relacionan con sus hijos.
Por suerte, ya estábamos vestidos.
Acompañarme hasta la parada del tranvía de la calle Valencia te ha servido para recobrar el color… que si yo me he ruborizado cuando se ha abierto la puerta del piso y han entrado ¡tus padres! …tú, querido, te has puesto blanco. Ya me contarás que te han dicho a la vuelta.
¿Sabes? Ese abrazo y ese beso fugaz que nos hemos dado al despedirnos me han confortado tanto que ha disipado toda la vergüenza que un ratito antes había sentido.
Ha sido un día de intimidad maravilloso.
Voy a cenar algo. Después dibujaré o quizá escribiré alguna cosa. Mañana, domingo, pintaré. Pensaré en ese chico que hace de manobra mientras su padre hace de albañil. Llevar tochos y tochanas de un lado a otro te hará más musculoso. Procura no dañar tus finas manos, para ser grafista las necesitas ágiles y enteras.
Un día, si me llevas hasta allí, haré un dibujo de la casa a medio terminar y te lo daré para que se lo regales a tus papás.
Ahora te mando un estrujón y un beso en la nariz.
Nicia, la pintora que da clases de dibujo a domicilio a futuros grafistas.
XV
Borreguitos en el cielo
El cielo se ha llenado de borreguitos. ¿Lloverá? Me gustaría. Así, quizá, dejaríais los remiendos de la casa de Siglo XX y, de regreso, buscarías una excusa para no acompañar a tus padres y me llamarías.
Bueno, aparte de mirar el cielo, mi hermana y yo, solas en casa por todo el día de hoy, tenemos planes. Hemos comprado una botella de champaña, al igual que otros domingos, pero una para las dos, no para cuatro, como cuando mamá y papá no se van con la yaya a
Caldetes. Tomaremos más de ‘Un sorbito de champán’, esa canción de Los Brincos que siempre que la escucho me recuerda el día de tu cumpleaños… ya sospechas por qué.
He ido a la bodega a comprarla y he pedido Delapierre semiseco, el mismo que tomáis en tu casa también los domingos, pero no tenían y me he llevado Codorniu Grand Cremant. También he ido a una granja de la calle Padre Claret a comprar media libra de nata. Mi hermana trajo ayer unas fresitas de bosque y a ella le gustan con nata. Yo las prefiero solas o con zumo de naranja, pero adaptaré mis gustos a los de mi querida Rosa, porque estos días me ha seguido explicando cosas que me interesan. Son de nuestra vida, de cuando tuvo que dejar la carrera para llevar la administración de los negocios que nos quedaban en la familia…
Después Rosa ha puesto música, Otis Reding, ‘Sentado en el muelle de la bahía’, Los Canarios, ‘Ponte de rodillas’, y yo me he puesto a escribir. Ahora suena Wilson Picket, ‘La tierra de las mil danzas’ y Rosa, que canta encima: na-na-na-na-na-na-na. Seguro que después pincha el ‘What’d is say’ de Ray Charles. Me levantare a hacerle coros, Hey, what is say…! Ah, eh, ah, eh… baby, it’s all right!. Y bailaré, también.
Anoche, recordándote y recordando nuestra tarde de ayer, escribí un pequeño poema que te iba a transcribir aquí, pero ahora estoy agitada por la música soul. Lo repasaré después. Tengo dudas con el título. ¿Te gusta “Ya no somos dos” o prefieres “Una y otra vez”? No te avanzo nada más.
Te lo enviaré en otra carta, que será especial. Besos con soul.
Nicia, la que baila con alma aunque el cielo lleno esté lleno de borreguitos.
XVI
Somos todo
Promesa dada: ahí va mi apasionado poema que evoca nuestros momentos íntimos y, especialmente, los de la otra tarde en tu casa, antes de que llegaran tus padres…
Finalmente lo he titulado “Somos todo”.
Dame un beso amor mío
Y dame otro beso y abrázame otra vez
Y deja que te abrace y que te bese
Una y otra vez
Que cada vez
El beso y el abrazo
Son nuevos cada vez
Y es más limpia mi tez
Y es más fuerte tu pecho
Y unidos en el lecho
Tú y yo no somos dos.
Unidos en el lecho
Sentimos dulcemente
Tu pecho con mi pecho
Y en tu pecho mi frente
Y en mi vientre tu vientre
Y ya no somos dos.
Ya no somos dos, somos todo.
Nada más por hoy, querido. Creo que no es poco.
Nicia, la que entrega su vientre al amado para ser todo con él.
XV
Octubre
Querido:
Ya estamos en octubre. El tiempo pasa y me da miedo. Voy a tener que enfrentarme a situaciones que, aunque las tengo asumidas, me gustaría que no llegaran tan pronto.
Estoy viendo caer unas hojas, ya secas, del árbol que veo desde mi ventana. En la copa, otras hojas se perfilan con ocres y amarillos. El otoño es hermoso, pero triste.
¿Sigues estornudando? Cuídate. No te levantes para ir a trabajar si estás mal. El frío está por llegar y sería mejor que estuvieras recuperado para entonces. Si te encamas, iré a verte. ¿No le importará a tu madre que te visite una amiga, ¿verdad?
Aprovechando la ausencia de tus padres, compartimos otra tarde maravillosa la semana pasada ¡precisamente en tu cama! Tu piel está sonrosada, limpia, brillante, aunque tus antebrazos se ven morenos. Pero es una piel, la tuya, tan bella como delicada. Esas horas sin más abrigo que mí cuerpo, algo enflaquecido tras estos meses, quizá te hicieron coger frío. Yo, en cambio, estoy perfecta. También estaba desnuda, pero mis pulmones resisten porque siguen limpios tras haber pasado medio verano lejos del smog de la ciudad.
No quisiera que te pusieras enfermo y no lo quisiera, sobre todo, por egoísmo. Me da miedo el futuro y solo puedo olvidarme de él si estoy contigo, abrazada. Te necesito. ¿Sabes que si enfermaras me encantaría cuidarte? Te haría un caldito de verduras y te lo daría tibio para que no te quemaras y te reconfortara. Si tuvieras fiebre te pondría un paño frío en la frente y aunque tus labios ardieran, te besaría, suavemente. Para curarte.
Pero no te pongas malo, por favor. Por ti y por mí. No sé cómo afrontar mis inquietudes porque no sé muy bien qué quiero hacer y no sé si lo que quiero me conviene. Junto a ti me siento más segura, aunque mis dudas permanezcan. Tengo todos los cuadros de la exposición preparados y he llevado algunos a la galería porque no caben en casa. Han colgado dos a modo de anuncio: “Exposición de Helena Casas en noviembre” (¡el mes que viene!) y ya se han interesado varias personas, según me han dicho hoy. Estoy muy contenta con eso, pero no tanto con la boda (la mía) que seguirá a mi éxito artístico-comercial unas semanas después. He ido a encargar el traje. Después de ver varios modelos bonitos y discretos, he escogido un vestido liso, rosa pálido. No sé si los padres de Edu, tan tradicionales, se morirán del susto cuando me vean, pero al fin y al cabo nos casaremos en una ermita, con pocos invitados aparte de la familia. Él quería ir de chaqué y ya había visto dónde alquilarlo, pero le he amenazado con dejarle plantado o decir no ante el cura. Al final irá con un traje negro, parecido a un smoking.
Todo se me está haciendo muy largo, muy largo, y me desazono. Lo que nos parece malo, si es largo, parece aún más malo.
Tengo ganas de fugarme. No sé a dónde. ¿Quieres fugarte conmigo?
Nicia, la inquieta.
XVI
Probarás el kir de Louise
Queridísimo y juguetón Carlos:
No sabes cuánto me ha alegrado que hayas aceptado venir al guateque del próximo domingo en casa de Louise. Claro que solo me has asegurado tu presencia cuando te he dicho que vendrían dos chicas sueltas y que Edu se quedará en Zaragoza ultimando flecos laborales. A finales de mes se incorporará a su puesto en Barcelona, y tiene que dejar todo listo.
Nos divertiremos. Y quizá ligues. No sé si me dolerá verte emparejado, pero a menudo he pensado que, si hubieras salido formalmente con alguna novieta, mi conciencia estaría más tranquila.
Quizá entonces no me hubieras hecho el mismo caso, aunque creo que sí. A mí me gustaste, pero tú te enamoraste de mi enseguida, creo que antes yo.
Al conocernos sentimos como la vida cobraba un súbito interés, sin buscarlo. El hastío del día a día se diluyó en nuestra atracción mutua. Nuestros cuerpos, al estrecharse, conjuraron el malestar que sentíamos ante las injusticias del mundo. Tú ya lo hacías con tus devaneos bohemios, alternando con personajes curiosos, de vida precaria, aunque cultos en muchos casos. Pero conmigo te sentiste salvado de las miserias y de las hipocresías morales, a tus 17, porque te habías enamorado de mí y yo no solo no te había rechazado, sino que te animé a que llegáramos a la máxima intimidad a que pueden alcanzar un hombre y una mujer.
El día en que cumpliste 18 años, que celebramos juntos, muy muy juntos, fue el día en que todas mis reticencias se disiparon y reconocí, por fin, que correspondía con mi amor al tuyo. Antes te quería y me gustabas, desde aquel día te he amado. Cuando en julio te propuse aquel paréntesis en nuestra relación, un paréntesis que más bien era una despedida, no puedes imaginar, como ya te he dicho en persona y por carta, la congoja que sentí. Toda la miseria del día a día, los malos rollos en el trabajo, en casa, el lamentable convencionalismo con que se fraguaba mi cercano matrimonio, todo me resultaba doloroso. Mi desazón solo se calmó un poco cuando te llamé desde Caldetes en agosto, después de haberte escrito pidiendo perdón.
Nos necesitamos porque estamos solos frente al mundo. Tu familia parece menos entrometida que la mía, pero en cuento cumplas uno o dos años más te martirizarán, como a mí la mía desde los 20. Por eso a los 22 me prometí con Edu, sintiendo mucho afecto, pero poca pasión. Además, por una cosa o por otra, siempre esta fuera.
Su ausencia no me ayuda a soportar toda la basura que el mundo nos echa encima. Cosas como el mayo del 68 a él le han resbalado. Que yo esté descontenta en la Correduría de seguros le importa un bledo. No hay consuelo en él ni con él como lo obtengo contigo. Espero que una vez casados, la cosa cambie…
A ti te haría bien tener la experiencia de un noviazgo, podrías hacer más pasables los malos tragos y, quién sabe, quizá entrar en una relación hermosa que te ilusione. ¿Qué pasará con la nuestra? No lo sabemos. Nos necesitamos y seguiremos así por unas semanas. Pase lo que pase siempre me tendrás como amiga. Me esforzaré en evitar los celos de la novia que escojas.
He pensado mucho en lo duras que hubieran sido nuestras vidas a lo largo de todo este año 68. Tú eres un idealista inmaduro y yo también lo soy, aunque ahora miro más por mí que por la sociedad. Pero también sufro por ella y por el mundo. A veces me acomete un dolor que solo remite cuando siento que te amo y que me amas. Cuando lo expresamos físicamente ¡no sabes las ganas que he tenido de echar a rodar todas las precauciones para evitar el embarazo…! Hemos creado nuestro refugio para protegernos de la guerra. Mi amor, no lo desmantelemos aún. Te necesito, me necesitas…. Somos amantes y eso es lo que nos libra de muchos males. Échate una novia, si encuentras a una buena chica, ya que Iluminada (que era la que yo quería para ti, je je) prefiere “ennoviarse” con la monja. No entiendo mucho su abnegación en ese caso, pero allá ella.
El domingo, guateque, y Louise nos preparará una jarra llena de kir, suficiente para todos, me dijo. Habrá que llevar algo de picar.
No divertiremos, te quiero. Te amo.
Louise te caerá bien. quítasela a su novio, que no se la merece.
Mañana te contaré el plan que se me está ocurriendo ahora. Ir a unos de esos locales de varietés que te gustan a ti.
Pero sigo mañana.
Mil besos, querido. Repártelos por todo tu cuerpo.
Nicia, la trotaguateques.
XVII
La melancolía
No comprendo cómo me he quedado atrapada en la melancolía, una melancolía que me envuelve y me acoge, casi con ternura, salvaguardándome de mí misma y de mi tendencia al exceso o quizá a la locura.
No solo es el otoño, hermosísimo cuando miramos al cielo que se arrebola, y a los árboles que dejan morir sus hojas con belleza, amarilleando el aire al caer.
Por la radio han puesto un tango titulado Maquillaje, ¿lo conoces? Es un canto desesperanzado… empieza con una cita del poeta del Siglo de Oro Lupercio Leonardo de Argensola: Porque ese cielo azul que todos vemos, ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande que no sea verdad tanta belleza!
Sí, sí es azul. Diga lo que diga el tango, el cielo no se maquilla. Yo me pinto a veces. Esta tarde lo haré. Te voy a ver y hoy necesito recibir esa mirada de admiración con que me recibes cuando me arreglo un poco. Cuando no te atreves a despintar con besos mis labios rojos hasta al cabo de unos minutos. Cuando yo me exalto y tú ya no puedes reprimirte más. Te lo escribo ahora porque sé que no leerás está carta hasta mañana o pasado mañana. Necesito ser sinceramente admirada, hoy.
No te hablaré de mi melancolía. Me verás radiante y no olvidarás nunca mi maquillaje de esta tarde. Echaré mano del pote de rubor, que dice el tango para llevarle la contraria. Mi belleza, perdona la inmodestia, no es mentira y nada en mi es mentira. Quizá soy demasiado franca. Contigo y con los demás. Pero hoy no quiero arriesgarme a que me veas triste. Tomaré el colirio y me echaré unas gotas. Me pondré maquillaje y colorete para obligarme a no bajar la guardia y para echar a rodar todo mi desánimo y toda la zozobra antes de verte.
Quizá mis padres al advertir que salgo tan aliñada me preguntarán a dónde voy… A ver a mi amante, me gustaría contestarles… pero no, diré a merendar con unas amigas, como otras veces.
Son las 10.00 de la mañana y ya me he puesto a escribir, a mirar las hojas que quieren caer de los árboles, a escuchar la radio…
Buscaré en la gramola un disco de Ives Montand con Les feuilles mortes. Ya lo tengo. Viene la letra. Es un poema de Jacques Prévert. Es bellísimo. La música es de Joshep Kosma. Canta Ives Montand.
C'est une chanson, qui nous ressemble: toi, tu m'amais et moi, je 'amais... Et nous vivions, tout deux ensemble, toi qui m'amais, moi qui t'amais... Mais la vie sépare ceux qui s'aimant... tout doucement, sans faire de bruit. Et la mer efface sur la sable les pas des amants désunis. Je suis en amour avec cette chanson!
Creo, querido Carlos, que la melancolía de la canción se acompasa con la mía, o que la arrincona. Sea como sea, esta tarde estaré radiante.
Mañana volveré a pensar en ese viento del norte que se lleva las hojas muertas a la noche fría el olvido y volveré a escuchar esta envolvente canción de amor que se pierde sin hacer ruido.
Pero hoy seré luz. Radiante luz enamorada. Junto a ti,
Echaré esta carta al salir.
Nicia, la que admira el verdadero cielo azul que todos vemos.
XVIII
Las artes gráficas
Querido y tierno Carlitos:
Ha sido una contrariedad que hayamos tenido que despedirnos cuando la conversación se ponía más interesante. Me hablabas de lo mucho que te gustaba ver trabajar a los cajistas de esa imprenta, en la que, me has dicho que pronto dejarás de ser un comisionista y serás un empleado con sueldo fijo y responsabilidades definidas. Tus gestiones en Tarragona han sido valoradas.
Eso era lo que esperabas, ¿verdad? Ahora te ilusiona que te puedan mandar a Valencia, una vez te contraten fijo. Bueno, me alegro, aunque dices que sentirás estar lejos de mí… No te quiero contar lo que sentiré yo.
Pero estabas tan entusiasmado describiendo admirado cómo funciona todo en las artes gráficas que no hemos hablado de eso, de pasar días o semanas sin vernos. Hablabas de los maquinistas, de los linotipistas y me repetías que hay dos cajistas que te hipnotizan, que te parece que van más deprisa componiendo textos que tú escribiendo a máquina… ¡es que, noi, tú eres un trabajador de calle, querido, y no un chupatintas! (Yo lo soy en mis largas medias jornadas en la correduría de seguros, además de recepcionista, telefonista y contable que no sabe acabar una suma).
Me has hablado, después, como tantas veces, de tus amigos del estudio de diseño gráfico, de su creatividad, que también te emboba cuando estás con ellos y te enorgullece que a vegades te pidan consejo y, sobre todo, que te hagan caso.
Tienes criterio, noiet.
De sopetón me has dicho que te gusta contarme esas cosas de tu faena que no le cuentas a nadie, y tus pupilas que llevaban tiempo moviéndose extraviadas, tal vez imaginando que revisaban galeradas de la linotipia, se han quedado clavados en las mías. No era una mirada de cariño o de deseo como otras veces. Era parecida a la de un joven alumno que aprovecha que su profesora le da clases particulares para preguntarle cosas que no le preguntaría de haber otros alumnos, y lo hace con la confianza de que no se reirá de él. Ya sabes que yo he dado clases de dibujo a chicos y chicas en verano y sé lo que son esos momentos de tierna curiosidad. La ingenuidad es un don para el que quiere aprender.
Y tú me has espetado, poniendo los ojos grandes: “Nici, ¿qué es pintar?”
Pintar es adivinar el misterio de las personas y de las cosas, te he dicho.
Pero ¿qué se siente al pintar, has insistido.
Se nos ha hecho tarde, dulce Carlitos. Pero te prometo que te explicaré o al menos te daré algunas pistas sobre lo que siento yo al pintar. Mañana, querido, por carta o en persona.
Nicia, tu profesora particular.
XIX
La luz en los dedos
Querido alumno:
Como te decía ayer, te voy a hablar de pintura, pero debo advertirte que la pintura se explica a sí misma y que por ello no podemos explicarla. Has de verla y has de sentir su aura al hacerlo.
En cuanto a mí, te diré que, para pintarte, no solo te miro: te veo. Te veo por fuera y por dentro, y también siento que te puedo tocar, o, al menos, rozar, acariciar, y, así, adivinar tu misterio. A eso me ayuda utilizar témpera y pintar con los dedos.
Me gusta tocar los colores. Los mezclo con el pincel, en un plato, pero después me gusta usar los dedos, aunque no siempre.
Al pintar, aunque no lo haga con los dedos, me gusta sentir que acaricio las formas que pinto, como cuando mimas o imaginas que mimas a una persona o a un animal o sientes el tacto de un viejo sillón de piel, o el mármol de la mesa de ese bar al que hemos ido a veces, ese mármol que siempre está frío, ¡suerte de tus manos!
Pintar es tocar el misterio de la vida, acariciar los misterios de las personas y de las cosas.
Al pintar siento que tengo luz en las yemas de mis dedos y que con esa luz toco lo que pinto. En una de las acuarelas que te enseñé el otro día estabas tú, y estaba Louise y te acaricié y la acaricié a ella. Os toqué y acaricié a los dos y, al hacerlo, veía cómo compartíais aura.
Me dijiste que te recordaba otra lámina de hace unos meses y sonreí, ¿recuerdas? No quise explicártelo en ese momento… pero en aquella cartulina también estabas tú en un conglomerado de manchitas confusas, sujetas unas con otras, verdes y azules, y la forma granate, salpicada de limaduras plateadas, era nuestra amiga Iluminada. En ella pensé entonces, y también la acariciaba mientras pintaba la forma con que la representaba. Como a ti. Había un blanco lechoso bajo las formas que podía ser un suelo de nieve, o una cama. Ahora, en la nueva pintura, Louise es la forma carmesí con líneas sinuosas de color violeta y regueros de polvo de oro, y tú eres la mancha de marrón leñoso... te veo más firme que hace unos meses y, aunque sigues siendo soñador y poeta, esperas que el trabajo te lleve a Valencia como si fueras a un nuevo mundo… Si vas, yo también iré de visita, que quiero llenarme de la luz de las espumas que pintaba Sorolla en la playa de la Malvarrosa.
A Louise, al margen de cómo la pinte, sí la veo y la siento como una mujer más hecha y segura de sí misma que a Iluminada, que parece que se haya quedado presa en la religión y en las buenas obras (lo que me parece muy loable, sí, pero vivir no consiste solo en creer que se es buena o bueno).
Puedes pensar que desvarío. Pero no es así, Soy artista pintora y quiero seguir siéndolo. Esas acuarelas y otras que no has visto, que tampoco son figurativas, las llevaré a lienzos algo grandes, óleos, si algún día tengo espacio. Ahora tengo algunas telas pequeñas donde he utilizado la técnica del empasto para conseguir unos relieves que, de vez en cuando, me gusta acariciar con las yemas de los dedos…
Ya sé que a ti te gustaban las cartulinas de los árboles y las casas, sobre todo una de la vieja masía de Can Miralletes, con la maleza que la rodea y con los edificios modernos detrás, que yo alejé un poco más para que contrastaran mejor… y las de tranvías… y la del trolebús, que te recordaba los que, de niño (no hace mucho de eso), ibas a ver pasar por la calle Valencia.
¿Has acariciado alguna vez las pinceladas de un óleo?
Mañana seguimos, en persona, y te acariciaré para recordar mejor tu piel y tu forma cuando de nuevo te represente en mi pintura… y también dejaré resbalar mis dedos por tu cabeza, para sentir como bulle.
Hasta mañana, dulce amigo
Nicia, la que acaricia tu misterio.
XX
Butifarra de La Garriga y Sopa de ganso
Dulce y curioso Carlitos:
Hoy voy a explicarte las razón principal que me lleva a ponerme cómodos leotardos en cuanto refresca.
Mi hermana y Maica, a quien casi conoces por las cosas divertidas que te he contado de ella, salen juntas de vez en cuando. Maica vive en una pensión de la Porta de l’Àngel, donde compartía habitación con Xesca, una mallorquina medio puertorriqueña que estudia diseño gráfico la Escola Massana.
Maica y Xesca llamaron un día (hace un par de años) a Rosa porque sabían que, en el Cine Máximo, el que está en la calle Sicilia, antes de llegar a la Travessera, es decir, a tres calles de casa, tenían programado un ciclo de películas de los Hermanos Marx, y le propusieron ir a ver juntas ‘Una noche en la ópera’. Y fueron.
Otro día, en que las tres querían volver a ese tronado cine para ver otra peli del ciclo, mi madre las invitó a comer. Así, la señora Carme, aliviaba la nevera de un opulento regalo que había recibido: varios kilos de butifarras de La Garriga. Vinieron encantadas, las muy glotonas, y yo también comí con ellas la sabrosa butifarra a la plancha con un buen plato de exquisitas alubias del ganxet, que Araceli, la chica, compra a veces en una tienda de legumbres cocidas. Esas alubias son como solidos pedacitos de manteca que se derrite en la boca… a la vista, con sus motas de perejil y con pimienta recién molida encima, me apasionan.
Lo pasamos bien en la comida, bebimos el denso vino del Priorat de la bodega de abajo, reímos mucho y me fui con ellas a ver la peli de los Marx Brothers, que esa semana era ‘Sopa de ganso’. Calculaba seguir riendo.
Ya en la sala, que es muy modesta y tronada, como te dije antes, aunque no tanto como el Cine Condal de tu barrio, al que me llevaste una vez, buscamos un buen sitio, en el centro. Las butacas de madera parece que estén a punto de crujir y sueltan más de un ñigo ñago
Fue entrando gente, unas señoras, unos nanos que no tenían cole o que habían hecho campana, y algunos espectadores más. Durante el No-Do oímos una discusión. Una mujer alzó la voz y pareció que decía: “Vaya a tocar a su madre, señor. A mí ya me toca mi marido en casa” y acto seguido una voz masculina balbuceaba lo que parecían ser unas disculpas.
Maica cuchicheó “hay un busca, parece que hay un busca de cine” *. Yo no sabía que era eso. Pero no seguí la conversación porque ya estaba Rufus T. Firefly (Groucho) en la pantalla preguntando a los firmes soldados de Libertonia que, ataviados con casacas y cordones, formaban un pasillo, sable en alto, si esperaban a alguien, a usted, excelencia, le respondía uno de ellos.
En tanto, iban llegando más espectadores como es habitual en los cines de sesión continua.
Alguien se sentó a mi lado, a mi izquierda. De reojo vi que era un hombre de unos 30 años, con aspecto de oficial administrativo de tercera, que se quitó la chaqueta y la puso sobre sus piernas, aunque invadiendo un poco mi sitio. Yo me moví hacia un lado, hacia mi hermana, pero la chaqueta me tocaba.
Cuando el hombre retemblaba al impulso de sus carcajadas (que luego comprendí que eran fingidas), yo notaba el roce de la prenda en mi pierna, por debajo de la rodilla y también por encima de la falda.
Aparté la chaqueta y dejé de sentir su contacto. O yo estaba concentrada en alguna hilarante escena... la del consejo de ministros de Libertonia, con Rufus jugando con una pelotita, creo.
Al rato, no obstante, volví a sentir un roce en mi rodilla. La chaqueta volvía a estar ahí, pero, debajo de la chaqueta identifiqué, sobre mis medias de nylon, el tacto de unos nudillos hormigueando en la parte externa de mi muslo.
¡Qué hace usted!, exclamé a la vez que le daba un empujón bastante violento, con ambas manos, al sobón. Él hombre dijo algo que no quise oír, a la vez que yo, tomaba su chaqueta y, con rabia, la tiraba al suelo, entre sus pies y la butaca de su izquierda.
Estaba a punto de empezar la guerra entre Libertonia y Sylvania, y alguien, desde una fila trasera, gruñó ¡silencio! ¡silencio en la sala!
Se hizo el silencio y en ese momento las alubias del ganxet de la comida hicieron su efecto y no pude evitarlo: me tiré un pedo.
A continuación, varias butacas hicieron ñigoñago.
Otro hombre exclamó también ¡silencio! ¡silencio! (no creo que fuera por el pedo, pero yo sentí que, entre la ira y la vergüenza, me ardían las mejillas). Inmediatamente, uno de los nanos que estaban unas filas por delante también gritó jocoso ¡Silencio en la sala! y sus compañeros completaron la frase diciendo ¡Que pasa Kubala! Y repitieron: ¡Silencio en la sala, que pasa Kubala!
En ese momento, Maica, que, sentada al lado de mi hermana, se había dado cuenta de lo que pasaba, se incorporó un poco apoyándose en Rosa y al grito de ¡Silencio en el salón! ¡que pasa Manchón! extendió su brazo que, precedido por su puño apretado, el derecho, vi que pasaba delante de mis narices y se dirigía cual torpedo a la jeta del sobón que estaba mi lado. De tal puñada, las gafas del hombre salieron volando y fueron a parar unas localidades más allá, ¡Salga de aquí, so guarro!, le chillé yo, empujándole. El hombre quería huir, sí, pero también quería recoger la chaqueta del suelo y en eso estaba cuando Xesca, que es de esas chicas aplicadas que siempre lleva un bolso grande lleno de carpetas de apuntes o qué sé yo, lo volteaba cual arma mortífera y le daba en le cabeza. Ay, ay, ay, el sobón salió gateando tan deprisa como pudo, recogió las gafas y, sin ponérselas y tropezando corrió pasillo arriba hacia la salida.
Se encendieron las luces y tras un instante se restableció el orden. Al cabo de unos minutos la guerra en Libertonia también había terminado.
Nos levantamos y, al salir de la fila, vimos sobre el brazo de madera de la primera butaca lo que parecía ser sangre. Le has abierto la cabeza al cerdo, dijo mi hermana a Xesca, que se encogió de hombros y puso cera de buena chica, de las que nunca ha roto un plato.
Maica quería comprar cigarrillos sueltos y fuimos a la barraqueta que está en Padre Claret frente al Colegio del Corazón de María. Le pidió bisontes al señor que la atiende y este le dio cuatro por dos pesetas. Xesca, que fuma negro, iba a comprar celtas, pero mi hermana que siempre lleva un paquete de 46 en el bolso la invitó a uno.
A la vez, yo le explicaba a Rosa que ahora me iban a dar asco mis finísimas y elegantes medias. Ya sabes que soy muy aprensiva, le decía. Las lavas y ya está. No busques simbolismos, más te arramban en el tranvía en horas punta.
Maica, que nos oyó, encendió un bisonte y me dijo. Para ir al cine has de ponerte leotardos. Su tacto excita menos a los maníacos.
Y nos fuimos las cuatro a la cafetería Alaska, en el paseo de Sant Joan. Allí, mientras las tres se burlaban de mí especulando con que el hombre, después de ir al dispensario a que le curaran el tajo que le habría hecho el bolsazo, se masturbaría rememorando el tacto de mis medias. El nylon les excita, enfatizó Maica.
Desde entonces nunca faltan los gruesos leotardos de lana en mi ropero.
Nicia, la que ama las alubias del ganxet.
**La represión sexual producía, aun en tiempos de píldoras anticonceptivas y mayor libertad, ya mediados los sesenta, toda una fauna de maníacos. Entre ellos, en la multitud de salas de cine de reestreno de la ciudad rebullían los llamados buscas de cine. Individuos que se sentaban junto a mujeres solas o acompañadas de otras mujeres y deslizaban su mano hacia sus muslos, tanteándolas. A veces, algunas señoras desinhibidas, respondían a sus deseos metiéndoles mano, también, o, incluso, dejándose acompañar a la salida del cine hasta un lugar discreto y oscuro, un portal, un parque, etc. La mayoría, no obstante, trataba de zafarse del acosador cambiando de asiento y, algunas, dándole un empujón o un tortazo.
Esos tipos, al parecer, sentían esa experiencia como un acicate de las fantasías con que acompañaban sus masturbaciones en el baño de su casa o en el de la oficina, que ejecutaban con asiduidad. Otros, los más acuciados y partidarios de ir a lo seguro se llegaban a cines como e Diana, en la sórdida calle de las Tapias, del Barrio Chino, donde siempre había pajilleras dispuestas a darles alivio por unas pesetas.
Estas semiprofesionales valoraban a los eyaculadores precoces como sus mejores clientes. Preferían los servicios breves, para practicar más de uno y, además, con menos riesgo de salpicar a espectadores ajenos a esas prácticas. Nota del autor.
XXI
Xesca Bibiloni y Borinquen, la tierra del edén
Carlos:
Esta tarde, cuando nos íbamos despidiendo, has puesto carita de inocente… Ay, mare, qué me va a pedir este… he pensado.
—¿Me presentarás a Xesca un día?
—Hum. Si se dan las circunstancias por qué no, aunque no creo que una joven con tanta personalidad se entretuviera mucho contigo. —Te he respondido. Tú, en vez de hacerte el ofendido, has sonreído candorosamente, aunque dándote un aire de chico interesante.
Ya en casa, he recordado que la viste un día en que ella y Maica esperaban a Rosa a la puerta de la correduría, donde tu fuiste a dejar unos impresos. Un día en que yo no estaba, pero me lo chivaron.
Pero has fet tard, noi. Le he preguntado a mi hermana por ella y me ha dicho que se ha vuelto a Palma. Ya ha terminado sus estudios de diseño gráfico en la Escola Massana (que imagino que es lo que te te atrajo de ella, lo comprendo, muchachito interesado), así que, por ahora, no habrá encuentro posible.
No obstante, para ponerte los dientes largos, te contaré algunas cosas de Xesca Bibiloni Llorens y una aventura barcelonesa que viví con ella, mi hermana y Maica.
Xesca tiene 25 o 26 años, y ya te expliqué que es mallorquina y que cuenta con familia lejana en Puerto Rico, país que la tiene enamorada. Asegura que Borinquen es “la tierra de edén”, como dice la canción ‘El jibarito’, de Rafael Hernández, que ella entona con voz ardiente y firme.
A Xesca, que habla calmosamente, con suave acento palmesano, le cuesta una fracción de segundo convertirse en un ciclón. “Quizá por eso amo a esa islita luminosamente verde, donde las tempestades tropicales y los huracanes son frecuentes. Su gente, en cambio, es buenaza y apacible”, le oí contar.
Sus padres la llevaron en un viaje a San Juan, donde conoció a descendientes de su mismo tronco familiar, los Bibiloni, que habían emigrado allá en el s. XIX, y descubrió colores resplandecientes, comidas apetitosas y músicas alegres que “te ponen a gozar”.
Les gustaba pasear por el Viejo San Juan y comer o merendar en La Mallorquina, un restaurante y café muy apreciado por los ciudadanos locales donde todo estaba muy bueno, si bien el café lo servían demasiado aguado. Café americano, decimos en Barcelona o en Palma. Por la noche, iban a la calle San Sebastián y allí se envolvían en la música vibrante y optimista del caribe. Aprendió a bailar la bomba, la plena, la rumba cubana y el bolero son, y se hizo fanática de Maelo Rivera, cantante al que llaman el sonero mayor, apelativo que le impuso el sonero mayor de Cuba, Benny Moré.
Supo que, por carnavales, en Ponce, la perla del Sur, salen a las calles los llamados vejigantes, unos diablos vestidos con ropas de colores y máscaras con muchos cuernos, también de colores. Xesca conoció a un muchacho de Ponce que le mostró máscaras creadas por él que la hechizaron. Incluso en la Escola Massana consultó a los ceramistas para crear vejigantes ornamentales, como esculturas. Técnicamente será laborioso, le dijo un profesor, pero para venderlas, si es que piensas en ello, toparás con la Santa Madre Iglesia, que no permitirá tener diablos en los escaparates.
Un día, en que las tres señoritas querían ir a Santa María del Mar, me invitaron a acompañarlas. Querían que les explicara cosas del gótico catalán y yo, claro que sí, fui encantada y orgullosa de que confiaran en mi sapiencia. Visitamos la iglesia y salimos por la puerta posterior, que da al paseo del Born. De allí, a dos pasos, en la placita de Montcada, entramos a una bodega que sirve champañillo, un vino gasificado que está muy bueno. Nos tomamos dos copas cada una y salimos para volver a la Vía Laietana. Bordeamos la basílica por el lado oeste.
En el camino, a Xesca le llamó la atención en esa discreta calle, Sombrerers, la más discreta aún cafetería Borinquen. Resulta que ese es el nombre taíno de Puerto Rico y dijo: Voy a entrar. Junto a la puerta, un letrerito solicitaba camareras y lo tomó como excusa para realizar su inspección del bar.
Mi hermana le cerró el paso: ¡Estás loca, es una cafetería de alterne… adónde vas, pocavergonya! Pero Xesca, decidida y sin vergüenza, le espetó: ¡Quítate de la vía, perita, que viene el tren!* Y entró, seguida de Maica.
Las esperamos unos minutos, hasta que salieron ambas, serias, pero conteniendo la risa.
Nos explicaron que la encargada no tenía ni idea de por qué le habían puesto Borinquen a ese bar de camareras, que ella, la encargada, era de un pueblo de Jaén, y que llevaba dos años en Barcelona. Que el trabajo era casi siempre agradable y estaba bien pagado.
Que ellas dos jóvenes y finas muchachas como ellas, les sacarían fácilmente los cuartos a los clientes, que tendrían comisión de las copas que ellos tomaran y de todas a las que consiguieran ser invitadas (¡el 50 por ciento! enfatizó). En ese momento no había ningún cliente en el local, por lo que pormenorizó que, con palique y dejándose magrear un poco, si conseguían que las invitaran a un chivas 12 años, la consumición más cara, obtendrían unas buenas pelas, pero que también se ganaba bastante con cubalibres, gin-tonics o, incluso, con tónicas o refrescos, y que hay tíos que apenas beben, pero te invitan. Que no temieran, que no estaban obligadas a beberse los whiskies, que podían usar trucos como apoyar las tetas sobre la barra y haciendo una caricia en la cara al incauto, distraerlo y tirar con la otra mano el contenido de su vaso por el fregadero. El caso era sacarle los cuartos. Al parecer, la jienense cuando pronunciaba cuartos lo hacía con un gran acento catalán, según la perspicaz Maica.
Íbamos riendo con la historia cuando llegamos a la calle Platería**, camino del metro de Jaime I, ellas, y de la parada del autobús en la avenida de la Catedral, nosotras.
Pero Xesca nos dio más información: la encargada les dijo que, según algunos habituales, dónde podrían escuchar buena música puertorriqueña y cubana era en el Tabú, de la calle Escudillers**. Que no era un sitio de alterne, aunque sí había chicas que iban a buscarse allí la vida, pero menos que en el local de al lado, el Tequila, donde ponían jazz y música americana, pues era el preferido por los marines de la Sexta Flota que siempre buscan amores temporales por esos barrios, además de armar alguna bronca cuando no están por ahí los de su PM (policía militar) patrullando.
Podemos ir al Tabú un día, propuso Xesca, y tanto Rosa como Maica y yo, asentimos divertidas, aunque tomando la propuesta como un deseo más que como una posibilidad real… pero esa historia, mi niño, quizá te la contaré otro día.
Besos
Nicia, la que explica a sus amigas el gótico amplio de Santa María del Mar.
* ’Quítate de la vía, Perico’ es una famosa canción en la voz de Ismael Rivera con Cortijo y su Combo. Xesca cambió Perico por perita, jugando con que Rosa tiene el título de perito mercantil.
** Actualmente el nombre de esa calle es Argenteria.
*** Actualmente Escudellers.
El XXVIII Festival COMA’26 sitúa Madrid como epicentro de la música contemporánea con 20 conciertos de entrada libre
Festival Internacional de Poesía de La Habana. Mayo de 2027. Convocatoria. Organiza: Centro CubaPoesía.
Otras fuentes: 'Rastreamos un envío de libros raros. Terminó en un centro de entrenamiento de IA de Amazon'





