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[ Volver ]Fallece Andrés Ortega, respetado icono de discotecas vallesanas como Concor o Chic Sant Cugat
25/03/2015 - Xavier Rosell / NoticiasClave.net
Inconfundible por su bigote, y por su afabilidad en el trato, el popular Andrés Ortega, al que todos conocían como l'Andreu, ha fallecido este domingo 23 de marzo a los 72 años como consecuencia de un ictus, agravado por la enfermedad del Parkinson que padecía desde hace dos décadas.
Natural de la población jienense de Larva, emigró muy joven a Sabadell, donde desarrolló diversos trabajos hasta afianzarse laboralmente, a mediados de los setenta, en el mundo de las discotecas. Primero fue en la modesta sala Mirage, ubicada en el extrarradio de la capital vallesana, de la mano de su paisano Gabriel Castro, a la postre uno de los empresarios de la noche más importantes que ha habido en Catalunya. No en vano, Castro inauguró en el verano de 1978 la discoteca Concor en el centro de Sabadell, una sala de enormes dimensiones —algo inusual en aquella época de boîtes—, con tres pistas de baile, seis barras y un gran escenario. Andrés Ortega tuvo la difícil misión, pero solventada con buena nota, de ser el portero de tan selecta sala, donde se reunía lo mejor de la comarca vallesana e incluso de Barcelona. La imagen de l´Andreu en la puerta de la mítica discoteca de la calle Sant Cugat , con su smoking negro y pajarita, saludando con una sonrisa a la clientela, quedó grabada para siempre en el memorial noctámbulo de la ciudad. Su cordialidad y don de gentes hizo que se fijaran en él dos empresarios sabadellenses, Vicenç Puig y Joan Durán, artífices de la que sería otra discoteca rompedora por su diseño y espectacularidad, con dos plantas y piscina interior: Chic Sant Cugat.
Andrés Ortega fue fichado para este macroproyecto, que vio la luz en febrero de 1986, para hacerse cargo del control de acceso. Poco a poco fue escalando puestos en el escalafón hasta convertirse en el jefe de recursos humanos, aunque su trabajo iba más allá, y se ocupaba de cualquier eventualidad. Formó un gran equipo con Frederic Alfonso y Manel Ferrer, las personas que dirigían la nave, y hasta la entrada del nuevo milenio Chic Sant Cugat fue una sala muy reputada, por la que pasaron grandes nombres y artistas, desde Xavier Cugat a Bertín Osborne, pasando por Hombres G, o los famosos televisivos de momento, como Àngel Casas, Mikimoto o Jesús Vázquez.
En la época de máximo glamour de la sala santcugatense hubo un interés del famoso Up&Down de Barcelona por llevarse a este todoterreno llamado Andrés Ortega, pero este declinó la oferta y se quedó en Chic hasta prácticamente el cierre definitivo de la sala en 2004. Por esa época fue cuando a l'Andreu se le detectó la enfermedad del Parkinson, un duro golpe para él y su familia, pero que no fue óbice para que siguiera en el mundo de la noche con nuevos proyectos. Así, en 2006 formó parte del equipo de accionistas que abrió Les Carpes del Cim, en Santa Perpétua, un macroespacio al aire libre que no acabó de funcionar, y cerró prematuramente. Pero ello no le desanimó, ya que en 2013 se aventuró a abrir una sesión de domingo tarde, a la que llamó Xava, Xive, Xuve, en una sala de la Zona Hermètica de Sabadell. Lo que hoy se conoce como tardeo, y que está tan de moda. El inexorable avance de la enfermedad hizo apartar, ya definitivamente, a l'Andreu de este mundillo. Aunque nunca le faltó una sonrisa en el rostro, ni las ganas de compartir una comida con sus amigos, su deterioro físico se hizo palpable, y no tuvo más remedio que ingresar en una residencia. Los últimos años, ya postrado en una silla de ruedas, han sido especialmente duros, aunque siempre ha estado acompañado por sus verdaderas amistades, las que subyacen en los peores momentos, y por sus dos hijas: Andrea y Jessica.
Con el óbito de l'Andreu desaparece un concepto de entender el mundo del ocio nocturno, basado en el trato cercano y la corrección, elementos que ya no pertenecen a este mundo, como él mismo. Ahora le espera la María, su mujer, fallecida en 2008, el amor de su vida, y tal vez una copa de ron cubano, que con tanto placer degustaba para acompañar una partida de dominó en su entorno más cercano. Descanse en paz.





